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La práctica deportiva se asocia con un mejor sueño y mejores funciones ejecutivas
- 27 julio, 2026
Dormir bien y mantener un buen funcionamiento de las habilidades mentales son fundamentales para estudiar, trabajar y afrontar los retos cotidianos. Aunque se sabe que la práctica deportiva beneficia tanto el sueño como las funciones ejecutivas —capacidades como planificar, concentrarse, controlar impulsos y recordar información—, aún faltaba entender cómo interactúan el deporte, el sueño y las habilidades cognitivas, y si los beneficios cambian según el tipo de deporte que se practique.
Para responder a estas preguntas, los autores evaluaron a 132 adultos jóvenes de entre 18 y 40 años mediante cuestionarios sobre práctica deportiva, calidad del sueño y funcionamiento ejecutivo. Posteriormente, analizaron las relaciones entre estas variables mediante modelos estadísticos que permitieron identificar asociaciones directas e indirectas.
Los resultados mostraron que quienes practicaban deporte presentaban mejores indicadores de calidad del sueño que quienes no lo hacían. En particular, quienes realizaban deportes individuales reportaron una mejor calidad subjetiva del sueño y conciliaban el sueño más rápidamente, mientras que quienes practicaban deportes colectivos mostraron una mayor eficiencia del sueño. Además, una mejor calidad del sueño se asoció con un mejor funcionamiento ejecutivo y ayudó a explicar la relación entre la práctica deportiva y estas habilidades. Asimismo, comenzar a practicar deporte a edades más tempranas se relacionó directamente con menos dificultades en las funciones ejecutivas.
En conjunto, estos hallazgos sugieren que la práctica deportiva regular, además de favorecer un mejor descanso, podría desempeñar un papel protector en la salud cognitiva de los adultos jóvenes. Estos resultados respaldan la promoción del deporte como parte de las estrategias de salud orientadas al bienestar físico y cognitivo.
Los autores señalan que serán necesarios estudios de seguimiento para confirmar estas relaciones a lo largo del tiempo e incorporar mediciones más objetivas del sueño y del funcionamiento cognitivo. También será importante considerar otros factores, como el estrés, la ansiedad, la depresión y algunos hábitos de vida, que podrían influir en estos resultados.
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