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Hipertensión bajo control: ¿por qué algunos pacientes responden mejor a los tratamientos que otros?
- 31 agosto, 2026
La hipertensión arterial es uno de los principales factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares en todo el mundo, y aunque existen tratamientos efectivos, su control sigue siendo un desafío. En México, como en muchos países de ingresos medios y bajos, una parte importante de los pacientes diagnosticados no logra mantener su presión arterial en niveles adecuados.
Hasta ahora, la investigación se había centrado en identificar factores de riesgo generales, pero se sabía poco sobre si existían perfiles diferenciados de pacientes hipertensos que pudieran requerir enfoques de manejo distintos. Esta falta de caracterización detallada dificultaba el diseño de estrategias personalizadas.
Para explorar esta diversidad, se analizaron datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2022, incluyendo a 1,308 adultos mexicanos con diagnóstico previo de hipertensión y que recibían tratamiento farmacológico. Utilizando técnicas de aprendizaje automático no supervisado —Análisis de Componentes Principales y Modelos de Mezcla Gaussiana—, lograron identificar ocho perfiles o fenotipos distintos de pacientes, cada uno con características demográficas, clínicas y conductuales particulares.
El hallazgo más relevante fue que el control de la presión arterial no sigue un patrón único. Por ejemplo, un grupo de pacientes (el más numeroso, con 325 personas) estaba compuesto mayoritariamente por mujeres mayores, con hipertensión de larga duración y nivel socioeconómico alto, y mostraba mejor control. En contraste, otro grupo de 142 pacientes, caracterizado por bajo nivel socioeconómico y menor adherencia a la actividad física y cambios en la alimentación, presentaba las peores cifras de presión arterial. La edad resultó ser el factor que más contribuyó a diferenciar los perfiles, mientras que la actividad física, los hábitos alimentarios, el sexo y la presencia de diabetes tipo 2 también jugaron un papel clave.
Estos resultados tienen implicaciones prácticas importantes: sugieren que no todos los pacientes hipertensos responden igual al mismo enfoque de tratamiento. Identificar perfiles de alto riesgo, como el de pacientes jóvenes con baja adherencia a estilos de vida saludables, permitiría diseñar intervenciones más específicas y efectivas. En lugar de un enfoque único, los equipos de salud podrían priorizar el seguimiento intensivo y la educación personalizada para quienes más lo necesitan.
Los próximos pasos incluyen validar estos hallazgos en otros estudios y explorar si el manejo guiado por fenotipos logra mejorar las tasas de control en comparación con la atención estándar. Además, sería importante incorporar marcadores biológicos que permitan afinar aún más la clasificación de los pacientes y predecir su evolución a largo plazo. La integración de estas herramientas en los sistemas de salud mexicanos, considerando las desigualdades geográficas y de infraestructura, representa un desafío, pero también una oportunidad para avanzar hacia una atención más equitativa y personalizada.
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