María de los Ángeles Cano Márquez

María de los Ángeles Cano Márquez

Nacida en Medellín en 1887, provenía de una familia culta y humanista de educadores, periodistas, artistas, músicos y poetas de firmeza radical, tanto por parte de su padre, don Rodolfo, como de su madre, doña Amelia. María fue una autodidacta que siguió el pensamiento independiente y libre de su padre, quien la orientó en su formación primaria.

Sus primeras incursiones públicas empiezan con su vinculación al movimiento literario de principios de los años 20, en Medellín. Junto a destacados intelectuales librepensadores, integra la tertulia Cyrano, que posteriormente, publica una revista con el mismo nombre y de la cual, es la única columnista femenina. Recibe influencia del movimiento literario de mujeres de fines de la década de los años 10, gestado, principalmente, en países del sur del continente. Colaboró en El Correo Liberal (1923), y junto con las escritoras María Eastman y Fita Uribe, inició el camino de la actividad literaria femenina de aquella época, que pronto fue imitado en varias regiones del país.

Salvo lo publicado durante esta época, realmente, muy pocos son los textos que testimonian su pensamiento en el periodo posterior de su vida, dedicado a la agitación política, ya que la prensa registraba principalmente su impacto sobre las masas. Su transición del romanticismo intimista a la proyección social de sus inquietudes vitales, se aprecia, a partir de su interés por lograr que los obreros accedieran a la lectura. En marzo de 1924 expresó su anhelo de abrir una biblioteca popular gratuita; convocó a periódicos y librerías a donar materiales, y en mayo, ya tenía organizado este servicio en la Biblioteca Municipal e invitaba a los obreros a que “…gustéis conmigo el placer exquisito de leer”.

Así, comenzó su aproximación a la vida de los artesanos y gentes pobres de la ciudad, que en mayo de 1925, la proclamaron Flor del Trabajo, una de las formas pintorescas de la época, a través de las cuales, se exaltaba a las mujeres en los eventos populares.

De esta manera, inició el ciclo de su vida pública, caracterizada por una intensa actividad en favor de los trabajadores, y en cuya primera etapa incluye, desde visitas a los centros fabriles, hasta arduas labores de organización en comités y comandos populares. Con el traslado de un grupo de obreros de la Tropical Oil Company, de Barrancabermeja a la cárcel de Medellín, realizó su primera intervención pública, en una manifestación donde reclamó justicia para los presos sociales.

Posteriormente, junto con el ex presidente de la república, Carlos E. Restrepo, llevó la palabra en una multitudinaria movilización contra la pena de muerte y en defensa de las libertades públicas. Con su vehemente intervención, irrumpió ante la opinión pública nacional. En una pequeña ciudad, como lo era entonces Medellín, en la que la defensa de la moral provocaba plebiscitos para hacer retirar de una vitrina a la Venus de Milo, aparece esta ágil y menuda mujer de 38 años, que se toma las calles y plazas, en nombre de la libertad y la igualdad, dispuesta a enfrentar al represivo régimen hegemónico conservador, a luchar contra la ignorancia y la explotación de los asalariados y contra la voracidad de las compañías americanas.

Comenzó en 1925, las giras que la hicieron famosa en todo el país. Las gentes se lanzaban a la calle, para apreciar a esa curiosa mujer que hablaba en público sobre asuntos de hombres, y cuando se la escuchaba, provocaba la adhesión de los pobres y la indignación de las élites. Su primera gira fue a la zona minera de Segovia y Remedios, después de la cual, su lenguaje adquirió un carácter claro y directo: “…Compañeros, en pie. ¡Listos a defendernos! Seamos un solo corazón, un solo brazo. ¡Cerremos filas y adelante! Un momento de vacilación, de indolencia, dará cabida a una opresión más, a nuevos yugos. Valientes soldados de la Revolución Social, ¡en marcha!, ¡oíd mi voz que os convoca!”

En 1926 trabajó en la preparación del III Congreso Nacional Obrero, para lo cual, realizó una extensa gira por la vía Medellín – Ibagué, en compañía de su pariente, el dirigente socialista Tomás Uribe Márquez. En Bogotá, el Congreso obrero la elige directiva del mismo, así como a quienes continuarían siendo sus compañeros de lucha: Ignacio Torres Giraldo, Raúl E. Mahecha, Tomás Uribe M. y Alfonso Romero. Presidió una delegación ante el gobierno nacional, para pedir la liberación de los presos políticos y sociales. Ese Congreso la proclamó, también, Flor del Trabajo de Colombia y ella asumió el compromiso de laborar por el Partido Socialista Revolucionario.

En los años 27 y 28, realizó una intensa actividad propagandística en amplias zonas del país. Se movilizaba en carro, mula, caballo, ferrocarril; navegaba por los ríos, y en ocasiones, se trasladó por vía aérea. Recorrió a Boyacá, las riberas del río Magdalena y otros ríos de Caldas, Valle, Antioquia, Cauca, Santander y la Costa Atlántica. En estas giras, era recibida por multitudes que se agolpaban en torno suyo para saludarla y acompañarla en sus concentraciones. En varias ocasiones, fue detenida; en otras, obligada a caminar muchos kilómetros, bajo vigilancia policiva, hasta dejarla en predios de un departamento vecino; en veces, fue recibida con fusilería para dispersar a sus manifestantes.

Criticaba a los ricos por la injusticia social, al gobierno por la represión a la oposición; confrontaba y denunciaba a las compañías norteamericanas bananeras, petroleras, y a las británicas mineras, lo mismo que al gobierno nacional, por no garantizar el respeto a la integridad de los trabajadores y a la soberanía nacional.

Al regresar a Medellín en marzo de 1928, participó activamente en las campañas de solidaridad con Nicaragua, invadida por tropas estadounidenses, así como en el Comité de Lucha por los Derechos Civiles contra la Ley Heroica y para lograr garantías para la oposición.

La huelga de las bananeras fue reprimida violentamente en noviembre de 1928, y produjo una masacre de obreros. La represión desatada llevó a María a prisión, junto con sus compañeros en Medellín. Estos hechos, así como la recesión de 1930, incidieron en la extinción de labores del Congreso Obrero Nacional y al fraccionamiento del PSR. Las confrontaciones internas en el socialismo y el trato de que fue objeto, la marginaron de la lucha social; y a partir de 1930, se vinculó como obrera a la Imprenta Departamental de Antioquia, y luego, pasó a servir en la Biblioteca Departamental. Sin embargo, en 1934, apoyó activamente la huelga del Ferrocarril de Antioquia. Posteriormente, se hundió en el absoluto silencio, mientras en su ciudad se cuidaba con rigor a las hijas de familia para que no acabaran convertidas en temidas Marías Canos, término acuñado para denominar a las jóvenes rebeldes.

En 1945, las mujeres sufragistas le ofrecieron un homenaje en Medellín. Recién derrotado el nazismo, dijo: “Un mundo nuevo surge hoy de la epopeya de la libertad, nutrida con sangre, con llanto y con tortura. Es un deber responder al llamado de la Historia. Tenemos que hacer que Colombia responda. Cada vez son más amplios los horizontes de libertad, de justicia y de paz. Hoy como ayer, soy un soldado del mundo”. María Cano murió en Medellín en 1967.